
Cómo cambiamos, por Dios, cómo cambiamos, la vida se va y no lo notamos, ¿o sí? La realidad es que sigo creyendo que soy el mismo, no me doy cuenta que ya tengo, ¿42?. Cualquiera lo diría, si yo me siento como si tuviese 18.
Sí, es verdad que ya me duele más la espalda, que las sinusitis se encadenan, que peso algo más, ¿ocho, nueve kilogramos?, sí, puede ser, y el pelo ya no es el mismo, es más, yo diría que no lo he perdido (parcialmente, que conste que está en estado "interesante"), pero ciertamente ha migrado, y sin restricciones fronterizas (el cabrón, se aposenta donde quiere pero nunca donde debe).
¿Y las arrugas?, bueno, asumo que tengo alguna más, pero no muchas, ¿eh?, no muchas. Y juego al tenis casi igual de bien, o incluso mejor, que antes, o al menos eso me parece, y nadie me dice que no, pero claro, mis contrincantes han seguido el mismo proceso vital que yo (la verdad es que se conservan bastante peor, incluso su pelo ha migrado con mayor velocidad que el mío).
Sin embargo el otro día hubo algo que me hizo recapacitar, montaba en bicicleta con mis compañeros de tenis (pobres, cómo les duele perder conmigo) que por supuesto iban detrás, dónde si no, y uno de ellos dijo "mira, mira que gemelos tiene el Capitán, claro, así nos zurra, si llega a todo sobrado”.
Os tengo que confesar que tengo una piernas preciosas, es más, excelsas, incluso dignas de ser insignes, y se mantienen así desde que tenía ¿15 años?, con unos músculos bien marcados, muy bien marcados, y sí, mi respuesta fue automática, “pues imaginadme con 10 años menos, todo mi cuerpo era como estos gemelos, y además mi cabeza estaba muy poblada de rubios cabellos.
Y de pronto llegó a mi mente la cruda realidad, ya no soy el mismo, y qué cambio, qué cambio, aunque ya me conocéis, mi seguridad plena en mí mismo enseguida buscó una respuesta positiva: “qué buenas piernas tengo, y de lo otro ni hablamos, eso sigue perfecto.
Espero que el próximo cambio que note sea que los gemelos ya no son los mismos.